CULTURA, HISTORIA Y LENGUA: INTRODUCCIÓN



Ciudadanía es el patriotismo convertido en voluntad de obrar, en esfuerzo dinámico. Mirar como propio el bien de todos, aceptar como propia la ofensa ajena. La voluntad colectiva tiene más fuerza que todos los poderes

(Del Ideario Maurista)

La conciencia ciudadana.

Los derechos ciudadanos son una herencia espiritual de nuestro pasado lejano que nos viene de Roma. El derecho latino y la ciudadanía romana sólo eran otorgados fuera de Italia como honor o recompensa. Pero tras convertirse Hispania en segunda provincia del Imperio y tras los emperadores hispanos Trajano y Adriano haber dado gran prosperidad al Imperio, Roma convierte en ciudadanos romanos a todos sus súbditos.

Con respecto a la conciencia ciudadana, conviene recordar que en nuestro pasado más cercano, va ligada al nombre de un mallorquín ilustre: don Antonio Maura. Nacido en el seno de una familia numerosa, su espíritu de superación le llevó a ser hombre imprescindible en la política española durante el reinado del Alfonso XIII, y a ser en tres ocasiones, en los momentos más difíciles, Presidente del Gobierno. Maura debería ser más recordado entre nosotros, porque precisamente fomentó como nadie este concepto traído a primer plano de la sociedad actual : la conciencia ciudadana, esa actitud vigilante que además de encarnar una conducta individual en el hacer cotidiano de los hombres de bien, nos impulsa hacia la respuesta colectiva en situaciones de amenazas específicas. Don Antonio dedicó muchas energías a fomentar la ciudadanía responsable, la educación de los ciudadanos en el ejercicio de sus deberes, derechos y libertades, como condición esencial para la sana regeneración del poder.

En consonancia con los postulados del Círculo Balear, nos proponemos seguir a plenitud este principio. Es la pretensión de este Circulo, aproximar a todas aquellas personas que atraídas por los mencionados principios, puedan formar un grupo vigoroso y consciente, dispuesto tanto a la defensa activa de nuestras libertades y derechos colectivos que vemos quebrantados, como al desarrollo de una convivencia armónica y fecunda. Y en esta sección de carácter humanístico y dialogante, toda persona interesada encontrará los fundamentos culturales para el incremento de la conciencia cívica: nuestra Historia, nuestros ciudadanos ilustres, nuestros signos identitarios.

Desde esta sección, con el afán de crear un nuevo clima de pluralismo y diversidad, se abordará además de la problemática apuntada en esta introducción, el tema de nuestros derechos constitucionales con respecto a la lengua propia y a la pluralidad.

Cabe recordar que en los Estatutos de Autonomía de las comunidades bilingües, en nuestra España plural, se reconoce la co-oficialidad de las lenguas regionales junto con la lengua común de la Nación Española, que según la Constitución de 1978, es el castellano; como es el caso del Estatuto de Autonomía de la Comunidad Valenciana que reconoce como lengua cooficial el valenciano, cuando, según los "uniformizadores" de la unidad lingüística del catalán debería recogerse como "catalán", que es como se ha denominado absurdamente al balear en el insultante artículo 3 del Estatuto de Autonomía de las Islas Baleares.



La Cultura y los intereses reduccionistas.

Cuando se le preguntaba al ilustre historiador D. Alvaro Santamaría sobre si resulta asumible la opinión de que la cultura balear no es más que una entelequia, el reconocido investigador responde que solamente lo es por quienes con plena deliberación empobrecen los contenidos de la cultura para reducirla a la lengua, que en el caso de Baleares es la cultura catalana impuesta por el Estatuto de Autonomía, la cultura que se realiza mediante el catalán normalizado por Pompeu Fabra, de laboratorio, en los años veinte de nuestro siglo, o bien en inglés, como lengua internacional, porque en Baleares hay que hablar en catalán normalizado o en inglés.

Señalaba que la identificación y homologación de los conceptos lengua, cultura y nacionalidad propia de la dialéctica pancatalanista, es una aberración dialéctica porque la lengua sólo es uno de los múltiples componentes de la cultura, y uno, no el único, vehículo de expresión de la cultura. De aplicarse tan peregrina dialéctica, la cultura de los Estados Unidos de América sería inglesa y los Estados Unidos de América no existirían como nación. El cuasi continente australiano, por la misma razón, carecería de cultura propia, y no existiría la cultura canadiense, todas ellas culturas milenarias. Y añade que tampoco existirían las culturas propias de los países americanos de habla española, a los que siguiendo dicha dialéctia, habría que "normalizar" según la identidad española. (Alvaro Santamaría: Historia de las Baleares, Edit. Formentor, 1991, Edición especial para Diariode Mallorca,Vol. IV, p.1346)

Pero junto a la desvalorización reduccionista, se emplean otras tácticas igualmente reduccionistas, como la apropiación indebida y la marginación. Veamos:

A. La desvaloración de nuestra cultura.

No es de sorprender que para dichas mentalidades, la cultura mallorquina apenas exista, quedando para ellos reducida poco menos que al ball de bot, al arròs brut y a sa fira d'es fanc. Observemos la desvaloración ya en la nueva manera de referirse a dichos elementos populares que tenían otros nombres más variados y expresivos, tanto para referirse a nuestro variado folklore, a nuestra elaborada gastronomía y a nuestra original cerámica cuyo término antiguo aplicado a la artesanía era argila y no fanc, teniendo en cuenta además, que al pasar el barro por la mano del artesano diestro y tras distintas fases de elaboración se dignifica el nombre del producto artesanal, llamándose cerámica. Se trata por consiguiente de términos desvalorativos, que reducen el interés de nuestra cultura desde el mismo lenguaje. Esta es una de las tácticas reduccionistas de nuestra cultura.

La palabra cultura viene de cultivo; culturar significa cultivar; cultivado es lo contrario de yermo o cerril. Y cultivar es lo contrario de improvisación o prisa, porque es un proceso que comprende tres momentos sustanciales: sembrar, cuidar la siembra y finalmente cosechar. La cultura es además un fermento fecundante que revitaliza plantas y frutos y tiende al desarrollo de nuevos brotes y variedades. En el cultivo de las facultades humanas entra el conjunto de conocimientos de una persona, pueblo o época, y de ahí el significado más amplio de la palabra cultura sin menospreciar ningún esfuerzo humano por su propia superación, desde el desarrollo de destrezas como la adquisición de conocimientos. Es resultado de la voluntad en su aspiración ideal de las cosas: y el tesoro de los principios pero con la condición de que sea viva y auténtica, como señala Ortega:

Frente a la problemática de la vida, la cultura -en la medida en que es viva y auténtica- representa el tesoro de los principios (O.C. R.O.,1963, I, 358)

La cultura así entendida es demasiado valiosa para reducirse ni a mercadeo ni a instrumento de sumisión. Un pueblo que como el nuestro desde el pasado clásico fue fecundado por el contacto de sus más importantes culturas, lleva en su entraña un valioso fermento de apertura y libertad que es la antítesis de miopes afanes reduccionistas, resultando estériles los objetivos de quienes identificando cultura con lengua pretenden hacer tábula rasa de la savia cultural de nuestro pueblo.

B. El sello catalanista.

A pesar de que los catalanistas apuntan con dedo acusador hacia los residentes alemanes procedentes de una valiosa cultura y respetuosos con la nuestra, el nacionalismo no ceja en su empeño invasor. Al respecto resulta para nosotros decididamente inaceptable su afán reduccionista que amparándose tras "los países catalanes", y en la insistencia de que "es el mateix" se adueñan sin rubor alguno tanto de los escritores valencianos como de los nuestros, al catalogarlos dentro de su producción literaria, adueñándose así de Ramón Llull. De modo que desvalorizan lo que consideran la pedrea mientras que catalanizan, aún en contra de su voluntad, a nuestro escritor más universal, Lorenzo Villalonga, quien en la conmemoración de su centenario no pudo librarse del sello catalanista.

Por otra parte esta forma de reduccionismo se intensifica gracias a las subvenciones para "la normalización". El resultado es que sin respeto alguno por nuestras modalidades cuya defensa está consagrada por el Estatuto de Autonomía, a todo se le pone la marca catalanista, sin importar la disparidad con lo presentado, bien sea música clásica, teatro español, entrevistas a personajes rurales, o hasta recetas de cocina dadas en español en las que para catalanizarlas, se les introducen subtítulos en catalán. Esta es la dura realidad del panorama que se respira en la prensa local, debido a la perversidad de la política "normalizadora".

C. La marginación reductora.

Otra de las formas del afán reduccionista de nuestra cultura es marginar en su propia tierra a quienes rechazan la vorágine catalanista. No se estimula el cultivo-cultura con raíces ni semillas propias; se prefieren los trasplantes, o mejor la clonación, llegando a suprimir la necesaria perspectiva (cuyo descubrimiento significó el paso de la Edad Media al Renacimiento), el espìritu crítico, y los matices esenciales de nuestra mallorquinidad entre los que están precisamente el respeto a otras culturas y la convivencia pacífica, sin inmiscuírnos en haciendas ajenas ni imponernos sobre otros territorios.

Frente a tales intereses reduccionistas es preciso rechazar su invasora y cohercitiva arrogancia. Es preciso vigorizar las energías que nunca han faltado en Mallorca, hacia la creatividad propia, estimulando las aportaciones culturales de los ciudadanos de nuestra Comunidad Autónoma. Es preciso a la vez, liberar la cultura de vetos y exclusivismos nacionalistas para asegurar a todos, el disfrute de los bienes culturales sin fronteras. De esta Cultura en letra mayúscula en la que laboran muchos ciudadanos con creatividad y altura de miras , se tratará en las próximas ediciones.



Nuestra Historia

Sobre la llamada catalanidad de Baleares.

Paralelamente al proceso del reduccionismo de la cultura y a la catalanización de la lengua, se ha operado otro similar en el terreno de la Historia. Invocando unas dependencias ficticias del Reino de Mallorca con lo que era únicamente un Condado dependiente de la Corona de Aragón, se han construido peregrinas teorías con objeto de alimentar un falso protagonismo de la catalanidad en las Baleares.

El Círculo Balear tiene como uno de sus objetivos prioritarios, denunciar la "Re-escritura" de nuestra Historia, por lo que próximamente en sucesivas conferencias y artículos se irán exponiendo los puntos conflictivos, y los diferentes argumentos que permitan a cada lector derivar sus propias conclusiones al respecto.

Como muestra de la reacción ciudadana en el campo historiográfico pueden citarse reiteradas cartas y artículos que se publican en algunos de nuestros medios de comunicación que superan la censura impuesta en este campo, quienes gallardamente se enfrentan a las tergiversaciones repetidas por catalanistas o por ingenuos, contestando a las afirmaciones, entre otras, de que el desembarco del 31 de diciembre "supuso el inicio para Mallorca de una nueva época de catalanidad". La respuesta podemos resumirla en los siguientes puntos:

1. En el momento de la conquista solamente existe un espacio geográfico que abarca los condados de Barcelona, Gerona y Osona mientras que el resto de territorios que hoy componen Cataluña eran independientes de Barcelona: los condados de Ampurias, Pallars, y Urgell; igualmente lo eran los marquesados de Tortosa y Lérida. No existía ningún espacio político catalán, solamente una pequeña región geográfica llamada Cataluña.

2. La conquista promovida por Jaime I de Aragón, al tener carácter de cruzada, agrupa a gentes dependientes de su corona: Aragón, Montpeller y Barcelona, además de otros puntos de la cristiandad Homines de terra nostra et aliunde venientes. De hecho, los más importantes socios en su empresa bélica mallorquina, eran extranjeros: el Conde de Rosellón y Cerdaña, el vizconde de Bearn y el conde de Ampurias.

3. Como consta en el "Llibre del Repartiment" hay gran diversidad de procedencias de los conquistadores: no solamente del Reino de Aragón y de los hoy aglomerados a Cataluña sino también de Marsella, Pavía, Montpeller, y eso por lo que se refiere a la media isla que le corresponde a Jaime I y no a la que correspondió a sus socios procedentes del Rosellón, Ampurias y Bearn.

4. El título de Rey o Conde de Cataluña no ha existido nunca, solamente Conde de Barcelona, que tenía Jaime I, rey de Aragón, en el momento de la Conquista, junto al de Señor de Montpeller.

5. No se puede emplear el mapa actual para contar la historia de 1229. Mallorca no se incorporó al mundo de la catalanidad, ni la catalanidad existía, ya que no existían esos conceptos para los hombres de aquél siglo. Tampoco podemos tildar a la armada de catalana, ni de catalano-aragonesa, porque esto se hace desde una perspectiva de 765 años (en 1955) los únicos nombres válidos son de gentes cristianas de "aliunde venientes" como se dice en el documento-anuncio de la conquista, lo que se corrobora con los apellidos registrados en el "Llibre del Repartiment" además de "aragonesa" por el titulo de su rey, Jaime I de Aragón.

6. Esta supuesta catalanidad de los baleares no es sino una historia de ficción que desde el Estatuto de Autonomía están presenciando, en particular los mallorquines, cada 30 de diciembre cuando los pancatalanistas (OCB, PSOE, PSM, Unió Mallorquina, Esquerra Republicana de Catalunya, Jóves per la Llengua, etc.) se reunen en la Plaza de España con las banderas cuatribarradas.

7. Siempre nos hablan de "la nostra cultura, la nostra llengua, la nostra nació" refiriéndose a Cataluña. Los nombres de Mallorca, de Menorca, de Ibiza, de Formentera, no están presentes en parte alguna, nunca nos hablan de la cultura mallorquina, menorquina, ibicenca o formenterense, en definitiva, no aparece la milenaria cultura balear, ni su lengua. Si el Rey Jaime I, después de darnos un reino y un escudo mallorquín, levantara la cabeza, regresaría a su tumba diciendo: "vergonya, mallorquins, vergonya"



El tema de la lengua.

La lengua es el punto más delicado de las relaciones entre sociedades - John Elliot

A. Clamor popular.

Existe en nuestra sociedad un irrenunciable clamor prolongado a lo largo del presente siglo: la reivindicación del pueblo mallorquín por su lengua. Y de cara al siglo XXI, puesto al día mediante los medios modernos, este clamor quiere llegar al mundo entero sin restricciones ni cortapisas, a través de la web del Círculo Balear. Esta nueva asociación sabe que no parte de cero, y empieza por reconocer a quienes les han precedido en las mismas reivindicaciones, sus nobles esfuerzos por la causa. Recogemos el testigo de tantas voces individuales y colectivas expresadas anteriormente en manifiestos, prensa y actividades diversas como reacción a la solapada forma con que se impuso en el Estatuto la denominación de la lengua de Baleares.

Por otra parte, conviene recordar que en Mallorca, la polémica sobre las peculiaridades de nuestra lengua viene de lejos: ya desde los inicios del catalanismo poético, tan pronto como sin respeto alguno por nuestras particularidades lingüísticas, se pretendió encorsetar a nuestros escritores. Así consta desde los afanes de Mariano Aguiló para otorgar merecidos galardones a nuestros notabilísimos poetas como Costa y Llobera, que eran rechazados en los Juegos Florales de Barcelona "por sus mallorquinismos" hasta las enérgicas protestas de María Antonia Salvá a quien los editores catalanes hacían pasar por su particular rasero.

B. Ambigüedad por sistema.

Otro aspecto no menos pernicioso es que en Baleares, la política lingüística es una ambigüedad sin fin, empezando por la ya aludida perversidad de afirmar que es "el mateix" pero que se cuidan muy mucho de diferenciar según la conveniencia y el auditorio. Mientras desde la vertiente política se insiste en "el catalán", en las iglesias lo llaman mallorquín, (en ninguna iglesia se especifica "misas en catalán" sino en mallorquín y en castellano). Sin embargo, ambos a una, salvo honrosas excepciones, empujan la causa del catalán.

Al llevar dicha política lingüística a los medios audiovisuales locales, el bombardeo catalanista se va haciendo muy denso, sin apenas dejar resquicios para nuestro vernáculo. Los informativos de los canales locales y autonómico de TV se hacen por completo en catalán, aumentando las desconexiones territoriales de Televisión Española para aumentar los espacios de servicio al catalanismo, sin respetar siquiera, como manda el Estatuto de Autonomía, las modalidades insulares propias, irritando constantemente los oídos mallorquines con catalán puro y duro, dificultando sobremanera su función transmisora, a las familias que quieren preservar para sus hijos, su dulce acento, sus añejas palabras, su entrañable lengua, tal como la recibieron de sus mayores, teniendo que batallar con el resultado nefasto de la mezcolanza que inevitablemente se produce entre ambientes tan disímiles como son la familia, la escuela y los medios televisivos.

Por otra parte, los castellanohablantes obligados a reciclarse en catalán, aunque quizás involuntariamente, suelen contribuir también a la mezcolanza general, produciéndose situaciones artificiales y conflictivas; los unos por forzados, los otros por la absurda pedantería de hacerse lo que no son. Se produce así un "patois" que no es ni una cosa ni otra, con serias repercusiones en la baja calidad del aprendizaje de nuestra población estudiantil, puesto que en vez de propiciar la mejor comprensión se fomenta el bloqueo mental y el continuado traspiés, tanto en la expresión hablada como en la lengua escrita, cuya ortografía suele ser caótica según afirman los propios maestros. Las consecuencias educativas son graves. Los datos sobre aprovechamiento escolar en Baleares son los peores de España. Hay que hacer algo urgentemente en favor de nuestros niños, injustamente sometidos a semejantes despropósitos.

C. Discriminación constante.

Constituye una perversidad el afán de eliminarnos la lengua común propia de los españoles, como lo están haciendo al aplicar su monolingüismo en las escuelas y en la sociedad. Por más que se repita por boca de ganso que en la sociedad catalana no hay problema con el bilingüismo, la pregunta es ¿por qué no aplican las mismas disposiciones para ambas en la educación escolar? Mientras una monopoliza la enseñanza, y acapara dádivas, la otra (para quienes no tienen el privilegio de atesorarla desde el seno de la familia) se aprende en la calle y solo cosecha discriminaciones, incluso para obtener trabajo.

Y bajo todas las luces que se mire, otra perversidad es la insistencia de que mallorquín y catalán es lo mismo, con toda la carga política y coercitiva que ello supone. Desde la conciencia íntima de cada hablante, el sistema de la lengua propia brota espontáneamente, mientras que el optar por otra lengua requiere una adaptación a otras determinadas estructuras que se explicarán en otra edición. El hecho de entenderse de ningún modo puede implicar sometimiento ni renuncia a mantener nuestra identidad propia. Lo que tenemos en común es lo que proviene del latín transformado en el antiguo romance medieval, que en cada territorio evolucionó de distinta manera, según los substratos y las culturas en contacto. En el caso del catalán, por distanciarse del español, ha contado más la aproximación al francés, hechos que para nada han pesado en el mallorquín que por el contrario ha hecho suyas muchas de las formas más tempranamente evolucionadas del latín en el español común.

En mallorquín, en menorquín o en ibicenco, tenemos otras preferencias de vocabulario, organizamos las palabras de forma distinta, y hay que estar sordo para no percatarnos de las diferencias fonéticas entre lo que insisten en llamar "el mateix". Y como a cada sonido corresponde una grafía, para que haya coherencia entre sonidos y letras, las normas ortográficas tienen que reflejar la autenticidad entre sonido y grafía, evidenciando las distancias entre una lengua natural y de suave pronunciación y otra lengua para nosotros de forzados sonidos y artificiosamente "diferenciada."



Conclusión: Como la siempreviva.

Nuestras reivindicaciones siguen vivas. Clamor ciudadano de malestar general al ver todo lo Balear, convertido en "catalán". La polémica no ha cesado: ya sea mediante la labor constante de destacados periodistas cuyos artículos podrían reproducirse por su particular interés, ya sea mediante las aportaciones de ciudadanos cultos, o también mediante numerosas cartas de los lectores. Se han producido además desde manifiestos colectivos y boletines, hasta misivas a los gobernantes. También se ha movilizado la sociedad balear recolectando firmas, como prueba del rechazo a las cada vez más agresivas campañas del catalanismo rampante: locución en catalán, publicidad, monolingüísmo catalán desde los estamentos políticos, catalanización de las escuelas, intromisión constante de los agentes catalanistas subvencionados, en escuelas, grupos juveniles, campañas comerciales y ya ni se diga en campañas políticas.

Insistiendo en la defensa de las libertades, una cosa es tener libertad para aprender el catalán como cualquier otra lengua, libertad que defendemos, y otra muy distinta es coartar la libertad y el derecho inalienable de los baleares a su propio vernáculo. Que quienes se sientan catalanes, hablen y escriban su lengua. Pero que quienes nos sentimos orgullosos de haber nacido en el archipiélago balear, tengamos el pleno derecho a escribir y hablar mallorquín, menorquín o ibicenco, sin coacciones ni discriminaciones.

Muchos se preguntaran cuál es el fin que persigue el pancatalanismo. La respuesta es clara: la creación, mediante tergiversaciones históricas, "ingenierías" lingüísticas, y apropiamiento de las identidades valenciana y balear, de una entelequia, llámese "países catalanes" o similares invenciones, basada en el principio: una llengua, un poble, un país; fundamento para la creación de un espacio cultural y editorial, con fuertes intereses económicos por una parte, y, por otra, su utilización con fines políticos por determinados partidos en el peligroso objetivo de conseguir la separación de España. Una España fruto de las aportaciones de todos los pueblos que la componen, y sustento de la Constitución Española de 1978, refrendada mayoritariamente por nuestra sociedad, base del ordenamiento jurídico que más prosperidad y paz en democracia han traído a nuestra Nación.

Hay que potenciar la conciencia colectiva para pedir con la mayor firmeza la consulta al pueblo, la revisión de la legislación autonómica y del Estatuto de las Islas Baleares. Por el respeto a nuestra identidad y por la reivindicación de nuestros derechos. En definitiva: En nombre de la libertad.


"LA VERDAD NOS HACE LIBRES"